cavan buscando la aurora,
cuando por el monte oscuro
baja Soledad Montoya.
Cobre amarillo, su carne,
huele a caballo y a sombra.
Yunques ahumados sus pechos
gimen canciones redondas.
soledad, ¿por quién preguntas
sin compaña y a estas horas?
Pregunte por quien pregunte,
dime: ¿a ti que se te importa?
Vengo a buscar lo que busco,
mi alegría y mi persona.
Soledad de mis pesares,
caballo que se desboca,
al fin encuentra la mar
y se lo tragan las olas.
No me recuerdes el mar
que la pena negra, brota
en las tierras de aceituna
bajo el rumor de las hojas.
¡Soledad, qué pena tienes!
¡Qué pena tan lastimosa!
Llora zumo de limón
agrio de espera y de boca.
¡Que pena tan grande! corro
a mi casa como una loca,
mis dos trenzas por el suelo,
de la cocina a la alcoba.
Que pena me estoy poniendo
de azabache carne y ropa.
¡ay, mis camisas de hilo!
¡Ay, mis muslos de amapola!
Soledad lava tu cuerpo
con aguas de las alondras,
y deja tu corazón en paz
Soledad Montoya
*
Por abajo canta el río
volante de cielo y hojas.
Con flores de calabaza,
la nueva luz se corona.
¡Oh pena de los gitanos!
Pena limpia y siempre sola.
¡Oh pena de cauce oculto
y madrugada remota!
No hay comentarios:
Publicar un comentario