Lovatt morirá una tarde de lluvia, en una ciudad de posguerra, y con un poema a medio escribir. Lo acecha la locura, la tristeza, los recuerdos, y unos cuantos acreedores de esos que no tienen mucha paciencia.
La noche anterior estuvo bebiendo en una taberna pequeña y oscura que está en la calle del puente. Charló con una prostituta que parecía tenerle más aprecio que expectativas comerciales. Él le invitó algunas copas. Ella tosía. Es solo un tipo caminando bajo la lluvia. Nadie lo conoce, nadie podría decir mucho sobre él. Pero viéndolo mejor, vos, caminando por esta ciudad con la mirada muerta y la sonrisa atenta, buscando un café donde sentarte y estar sola un rato, vos también sos Lovatt. Como yo cuando te contaba historias de chinos en un hotel serbio, y vos te reías y bajabas a comprar y subías y éramos otros, también, por supuesto.
Así que ahí anda Lovatt que morirá una tarde de lluvia unos cuantos años antes de que yo te cruce en un subterráneo y te pregunte tu nombre, unos cuantos años antes de que me pidas fuego en la barra de un bar Asturiano, y sin duda muchos años antes de que, en una cama desecha, yo te cuente la historia y vos le agregues capítulos, cosas que sabias de él aunque nunca lo habías escuchado nombrar.
Y esto era así, después de unas cuantas copas y de un tiempo sin vernos, me preguntabas “que se sabe de Lovatt” y yo te contaba las noticias que llegaban desde ese otro tiempo transcurriendo simultáneo. Y una noche vos llegaste contándome lo que pasaba allí, donde nuestro único amigo jugaba sus cartas.
Lovatt colgó el sombrero y se sentó en la cama para leer una carta de Sophie.- me dijiste con mueca burlona, Sophie no te caía nada bien, estaba seguro de eso.- la carta no decía nada importante eran todas estupideces, solo valía la pena la parte donde le cuenta que está enamorada de un hombre, y que no volverá a escribirle.
Las cosas se complicaban para el viejo Lovatt. A la noche siguiente le escribiría a su amigo Antoine para pedirle un préstamo y seguir bebiendo en Europa del este.
La noche anterior estuvo bebiendo en una taberna pequeña y oscura que está en la calle del puente. Charló con una prostituta que parecía tenerle más aprecio que expectativas comerciales. Él le invitó algunas copas. Ella tosía. Es solo un tipo caminando bajo la lluvia. Nadie lo conoce, nadie podría decir mucho sobre él. Pero viéndolo mejor, vos, caminando por esta ciudad con la mirada muerta y la sonrisa atenta, buscando un café donde sentarte y estar sola un rato, vos también sos Lovatt. Como yo cuando te contaba historias de chinos en un hotel serbio, y vos te reías y bajabas a comprar y subías y éramos otros, también, por supuesto.
Así que ahí anda Lovatt que morirá una tarde de lluvia unos cuantos años antes de que yo te cruce en un subterráneo y te pregunte tu nombre, unos cuantos años antes de que me pidas fuego en la barra de un bar Asturiano, y sin duda muchos años antes de que, en una cama desecha, yo te cuente la historia y vos le agregues capítulos, cosas que sabias de él aunque nunca lo habías escuchado nombrar.
Y esto era así, después de unas cuantas copas y de un tiempo sin vernos, me preguntabas “que se sabe de Lovatt” y yo te contaba las noticias que llegaban desde ese otro tiempo transcurriendo simultáneo. Y una noche vos llegaste contándome lo que pasaba allí, donde nuestro único amigo jugaba sus cartas.
Lovatt colgó el sombrero y se sentó en la cama para leer una carta de Sophie.- me dijiste con mueca burlona, Sophie no te caía nada bien, estaba seguro de eso.- la carta no decía nada importante eran todas estupideces, solo valía la pena la parte donde le cuenta que está enamorada de un hombre, y que no volverá a escribirle.
Las cosas se complicaban para el viejo Lovatt. A la noche siguiente le escribiría a su amigo Antoine para pedirle un préstamo y seguir bebiendo en Europa del este.
No hay comentarios:
Publicar un comentario