Camino a través de estas calles húmedas, en una ciudad que me es ajena. Así es el este, nunca podré entrar del todo en él. Los bares comienzan a cerrar y yo me pregunto qué será de todas esas fronteras que dejamos entre el humo y los licores, allí donde las horas discurrían lentas y sin demasiados peligros, bulliciosas aveces. Te confieso Antoine, que hace semanas que no escribo ni una línea y que ya no soporto este frío. Ya sé, no me lo recuerdes, yo siempre hablé a favor del frío, pero tienes que creerme que este clima no me está haciendo nada bién, y no hablo sólo de mis pulmones y esas cosas. Es como si todo aquí me obligara a pensar en aquellos asuntos de los que vine escapando. Como solías decirme: “la fuga no puede ser otra cosa que una casualidad”
Como podrás imaginarte he vuelto a pensar en Sophie, y no dejo de verla sentada al piano, con su mirada turbia y sus manos temibles en las teclas, sonriendo como si esperara que lo más aterrador sucediera en cualquier instante, eso que tanto se teme y siempre termina sucediendo. Sophie es algo de lo que nunca podré librarme. Es diabólico el escenario de nuestra obra, y todo lo que hacemos es enmudecer cuando los finales se acercan, es como si un ejército nos invadiera, no podemos librar la batalla, pero tampoco podemos retirarnos y entonces nos quedamos inmóviles esperando que pase el vendaval y luego contamos las bajas, como si contáramos una anécdota a alguien que no nos interesa demasiado. Aveces pienso que si Sophie no hubiera entrado en la casa, todo hubiera sido diferente. Pero en fin, ya sabes.Se me acaba el tiempo, en unos días tendré que volver, y no me llevo de aquí nada que valga la pena. Unas cuantas palabras anotadas en mi cuaderno y algún que otro poema de los que escribí en los primeros días. Creo que fue un error cambiar de hotel. Pero no había muchas opciones, el dinero se acaba rápido y como ya sabes, su cuidado no es mi fuerte. Te veré pronto Antoine, y recuperaremos nuestras fronteras.
F.O. Lovatt.
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